Después
de esta época la trompeta perdió su papel destacado para pasar a
ocupar un puesto secundario. En Haydn y Mozart (autores con los
que puede decirse que se inicia la orquesta moderna), la trompeta
tiende a convertirse de instrumento melódico en instrumento de
armonía; ya no usa sus sonidos agudos ordenados uno junto al otro en
la escala armónica, y se contenta con emplear sus notas más graves
y espaciadas, las que, por ser en su mayoría las notas del acorde de
tónica, limitan las intervenciones de la trompeta a una modesta
contribución al volumen general en los pasajes del tipo de la coda
que aparecen al final de los movimientos, o al final de ciertas
secciones de los mismos, y a otros usos similares de importancia muy
relativa. En realidad, vuelve a ser en la orquesta lo que había
sido en otras circunstancias: la compañera inseparable de los
timbales, que en esa época se limitaban a dos notas (la tónica y la
dominante), circunstancia que explica el empleo similar que se dio a
este instrumento de percusión y a la trompeta. La atracción
de la trompeta es, en gran medida, la misma atracción que despierta
el fortissimo; ahora bien, como en esa época un pasaje fortissimo
estaba construido habitualmente mediante el sencillo recurso de los
acordes de tónica y dominante (exactamente la base para un uso
adecuado de los registros medio y grave de la trompeta), la trompeta
y el fortissimo llegaron a vincularse íntimamente.
Dos
trompetas era a la sazón la participación corriente de este
instrumento en la constitución de la orquesta.
Con
Beethoven, el papel de la trompeta y de los timbales se hace un tanto
más importante, pero mientras se siguió empleando sólo la trompeta
"natural" (con o sin tubos adicionales), el trompetista no
llegó a tener una intervención destacada en el tejido de la trama
contrapuntística.
Se
hicieron vanas tentativas para liberar a la trompeta de su función
estrictamente armónica y para darle patente de instrumento melódico.
A fines del siglo XVlll se ensayó una trompeta de llaves, pero fue
pronto abandonada. Se hicieron otros ensayos tendientes a poner el
pabellón del instrumento al alcance de la mano del intérprete, con
el objeto de permitirle enriquecer la gama de sonidos del instrumento
con los "sonidos tapados", del como; sin embargo estos
sonidos que, para muchos, suenan muy apagados en el corno, lo
parecieron mucho más en la trompeta, por el contraste que ofrecían
con el brillante timbre natural de este instrumento. Como se ha
dicho, la trompeta de vara tuvo cierto éxito en Inglaterra, pero
casi ninguno en los demás países. El irlandés Clagget, que
con todo ingenio había unido dos cornos de diferente altura en los
que un pistón desviaba la columna de aire de uno a otro, hizo lo
mismo con la trompeta. De la misma manera, otros
inventores
expusieron otras tantas ideas brillantes.
A
principios del siglo XIX, dos alemanes, Blühmel y Stölzel (o Blümel
y Stölzl), aplicaron a este instrumento el verdadero sistema de
pistones; mejorado con posterioridad, ha sido perfeccionado por
Adolphe Sax, por Périnet, y últimamente por el doctor J. P. Oates.
Así nació la trompeta moderna, que ha sido y es objeto de continuas
modificaciones de detalle que buscan su mayor perfección. Halévy,
en su ópera La judía (1835), parece haber sido el primer compositor
que empleó la trompeta de pistones en la orquesta; en su partitura
escribe para dos trompetas de este género y dos trompetas naturales
con tubos de recambio.
Como
se verá, la trompeta de pistones aparece con toda oportunidad para
intervenir en la ejecución de la música cromática de Wagner, por
lo que éste pudo, sin ningún reparo, poner los sonidos de la
trompeta al servicio de su estilo altamente contrapuntístico.
Como
queda dicho, en la segunda mitad del siglo XVIII las orquestas se
constituían corrientemente con dos trompetas (excepto para el
acompañamiento de las obras corales, caso en el cual se escuchaban
tres y hasta cuatro de estos instrumentos).
Wagner por lo común usó tres, a fin de poder asignar a la trompeta
acordes enteros; en Tannhäuser, un motivo especial lo lleva a
emplear doce trompetas. Desde Wagner los compositores de obras
para orquesta han usado la trompeta sin ninguna clase de
restricciones, siendo tres el número empleado usualmente.